lunes, 25 de marzo de 2013

Toca, que quema.

Dicen que cuando enciendes una vela sólo estás esperando su extinción. Que sabes cual es el final de esa llama, que sabe de su muerte nada más nacer. Y yo quise ser fuego siendo solo cera y por eso me quemé. Pero mientras tenga ganas de correr voy a volar, porque las ganas de tirarme por el balcón han aumentado en los últimos días. Y quizás si doy el paso me salgan alas aunque me desangre al saltar. Porque yo prefiero morirme volando y lejos de ti que arder en el infierno perdiendo mi forma; es mi condena por creerme fuego y no ser. Dicen que sólo muere lo que se olvida y yo me voy a olvidar. Me condenaré al olvido eterno, obligando a mi destino a no volver jamás. ¿Y si no me salen alas al saltar? Pues recogerán mis sesos del asfalto una vez más. Pero estamparme contra el suelo no suena nada mal, que ser cera ya no me gusta. Nadie nunca se pensó que la vela podría huir de la llama, pero yo te lo voy a enseñar.

"Pasa a mi lado su olor y contengo la respiración."

domingo, 3 de febrero de 2013

Hasta que la muerte me acompañe.

¿Y si existiera el destino? ¿Y si eso a lo que tanto miedo le tengo se hiciera realidad? Porque sí existen cierto tipo de personas, extrañas personas, que sienten que hay algo que están destinadas a hacer, a cumplir, llevar a cabo. Y mi destino es la soledad. No se puede explicar el significado de esta corazonada que, posiblemente, te lleva a actuar para cumplir ese destino en el que nadie cree. Y yo cada vez lo creo un poco más; más segura de ese fin, de esa finalidad. Porque cuando miro y no veo, cuando callo para hablar, cuando pienso que no sé si quiero verte, o verte amar, me llama ese impulso al que estoy ligada desde mi consciencia. Y en la estupidez de mi memoria tengo guardado cada segundo que mereció la pena, cada palabra que no se borra, cada par de ojos que volvería a mirar. Que me acompañen ellos cuando muera, que si el destino existe, no tardará el momento en llegar. Pues todo el mundo muere en vida, y yo moriré por mi destino. ¿Y si existe de verdad? Entonces llegarían mis plegarias al cielo porque fuera eso verdad de que se puede cambiar. Tanto miedo acumulado en un estruendo de un compás que hace tic~tac, porque si mi destino es verdadero, el tuyo también lo será; por lo que no me matará la soledad, a la que estoy ligada desde mi consciencia, sino el verte amar, perder esos ojos que volvería a mirar, y quedarme con las ganas de descifrar el enigma que vive entre tus manos. No, entonces prefiero la muerte, la muerte en vida de la que nadie se salva y algunos ignoran. Pero déjame que no sea mi destino, que sea mi suerte, porque, como si nada importara, la muerte sería mi suerte, con una letra cambiada.


sábado, 29 de diciembre de 2012

Tres segundos inmortales.

Un paso hacia el delirio de quererlo todo. Pues así le va a la rubia de ojos negros. Porque ha sido todo menos lo que deseaba ser. A veces amiga, otras amante, luego colega, y más tarde sólo una conocida. A veces rozando el cielo, en cambio otras  luchando por salir. ¿Nadie le ha enseñado a él que es un crimen matar con las miradas? Ella le baila al compás que dicta, siempre siguiendo las reglas de otros, siempre pendiente de querencias que no son las suyas. Cansada de llorarle a los días y de poner buena cara todas las semanas, le quedan ya pocas opciones. Siempre elige mal, cree que es lo mejor. Ser a veces empieza a ser algo cansado, porque llega un momento en el que no sabe que es, que será. Y es probable que esos ojos negros sepan lo que quieren ser, pero es el miedo al monstruo lo que siempre permanece.

Si no miras, no está.

Es probable que la huida no sea la respuesta, pero suena demasiado bien. Luego de todo eso, solamente le regalan tres segundos que se le antojan inmortales y aquellos ojos negros se tornan inmorales, desaparece la conciencia y ella vuelve a bailar al compás que dictan otros, cargando con la culpa de ser menos ella, y más lo que él pide, cambiando el rol todos los días, luchando por encontrar el aire que a veces le falta, callando al monstruo que le grita la verdad. De todas formas, si no miras, no está.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Siempre fui de frente y nunca fui valiente.

Diciembre, con D de Despierta. Como me gustaría seguir durmiendo, pero los sueños me van a matar tarde o temprano. He comenzado a comprender que no pasaría contigo el resto de mis días, pero si el resto de mis noches. Y es eso lo que no me deja a solas con la tranquilidad, necesito un equilibrio perpetuo entre soledad y conversación. Sábanas frías para un cuerpo de sangre caliente. Aunque a dónde me llevaría pedirte que seas tú quién caliente mi vida; no me vengas a arañar las heridas del pasado, que yo sola me las lamo. Un amor idiota. Ni siquiera es amor, quién coño sabe que es, pero sigo esperando la sonrisa que no me viene dedicada, ni las palabras pronunciadas en silencio por los ojos que me miran mientras piensan cuando me voy a largar. Y yo con mi cara de idiota tengo la ilusión de que mi corazón siga latiendo por verte despertar una mañana y que mi atrofiado cerebro pueda mantener el recuerdo vivo hasta el día en el que disfracemos un adiós con un hasta luego.

Que congele Diciembre lo que quede de ti en mi mente.
Cuando todo esto me supera, cuando lo que más me apetece es salir corriendo de aquí y no volver a verme, me pregunto quién es realmente el que necesita este Diciembre y su D. Quizás ya no tengo la ilusión de la que hablo, solo son recuerdos del pasado en el que me enamoré de la idea de poder quererte, de que tú pudieras verme. Y no necesitaba que me vieras de una manera especial, solo que fueras consciente de mi presencia en aquel portal de mala muerte, al borde de perder mi suerte por un poco de cariño. Pero quién podía pensar en aquellos momentos que desear suerte podría traer de la mala. Cuando la pedimos nunca especificamos, será mi merecido, por la ilusión malgastada, por los sueños baratos de almohada, por mantener el corazón caliente a la espera de una mirada que nunca dice nada. Que Diciembre, con su D, de frío congele lo que quede. El regalo de estas Navidades ya descansa en paz, los últimos versos que te escribo, amigo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

I love us.

La amo. Me encanta su sonrisa, su pelo, sus rodillas. Me encanta el lunar con forma de corazón que tiene en la piel. La forma en la que a veces se moja los labios antes de hablar. Y el sonido de su risa. Me encanta mirarla cuando está dormida. Me encanta escuchar esa canción cada vez que pienso en ella y cómo consigue que me sienta. Hace que todo sea posible, no sé... como si mereciese la pena vivir, tío.
Y parece que en cualquier momento echarías a volar. Eso es lo que me sucedió a mi. Y a ti. Fue nuestra elección, la de correr hacia el vacío, con esas inagotables ganas de volar. Podríamos haber tomado otra dirección, quizás aquel día podría no haberte sonreído. Quizás dos semanas más tarde podría no haberte preguntado si te iba bien. Pero lo hice, e hice cosas que ya me había prometido no volver a hacer. Como la tontería esa de volar. Puede -y solo puede- que si aquel día yo no hubiera hablado de mi jersey azul aún seguiríamos aquí. Podría haber elegido mil caminos que no me llevaban hasta ti, y sin levantar los pies del suelo. Porque, ¿sabes qué? los humanos no tenemos alas, y nadie da nada gratis, por lo que todas las sonrisas las pagué muy caras.
La odio. Odio sus dientes torcidos, odio su corte de pelo de los 60, odio sus rodillas huesudas, odio su mancha con forma de cucaracha en la piel. La forma en la que se chupa los labios antes de hablar. Y odio el sonido de su risa. ¡Odio esa canción!
Entonces lo odias todo. Todo lo que has vivido, todo ese desperdicio de energía que ahora tienen otros rodando por la piel. Esos pobres ilusos sonríen. Y piensas: ¿Qué mierda creen que están haciendo? Quizás podrías acercarte a ellos y decirles todo lo que ocurrirá, que no son más que dos equivocados. Y lloras, para que negarlo. Lloras al oír esa puñetera canción que siempre suena, te enfadas al tener frente a ti esa comida y odias tremendamente aquel jersey azul. Pero os diré algo. Un día escuchas esa puñetera canción en la radio y tardas más de cinco minutos antes de relacionarla; has dado más de tres mordiscos a aquella comida antes de poner cara extraña y alguien te ha dicho que ese jersey azul te queda tremendamente bien antes de ni siquiera pensar que quizás algún día te salgan alas. Porque piensas: "nunca lo volveré a hacer." Hasta que apareció ella.

Entonces la historia es completamente diferente. Pero eso ya es otra, bueno, historia.

domingo, 21 de octubre de 2012

Mi vida sin mi.

De ilusiones no se vive, cielo. Me lo acaban de decir. Yo, contigo, y tú, sin mi. Un sintigo que nos dura demasiado ya. Que he encontrado mil formas de como no hacerlo y con todas me han entrado ganas de llorar. Que si David venció a Goliat con una piedra, que venga y me lo diga, porque yo sería incapaz. De hecho, aquí estoy, con el corazón ardiendo y los pies helados buscando la manera de triunfar; pero si no hablamos de esto nunca, prefiero no sacar el tema nunca más. Y si me buscas, la segunda estrella a la derecha, todo recto hasta mi hogar. Que de ilusiones no se vive, me lo acaban de contar. Si es para contar contigo, te multiplicaré por cero, como haría Bart. Y sumo y sigo, y poco más. No se pierden los colores en el viento, ¿o eso lo dijo Mulán? Pocahontas, perdona, a ti también te quise olvidar. Como todo lo que me pasa, y lo que me deja de pasar. Pero tranquilos, que no cunda el pánico; soy la lista y no la guapa, y por eso me podría salvar.

Y la sonrisa siempre como la de Mona Lisa.

Odiaba cuando mis padres me canturreaban el yo, mi, me, conmigo y hoy está muy lejos de hacerse realidad. Mas, oh, cuanto lo desearía. Mi vida ya no es vida si la vivo sin mi. Ahora la vivo por otros, otros que no son yo. Tampoco tú. O me obligo a decírmelo con cada luz del día, mintiendo cada mañana, para seguir aquí, restando un día, sumando un mal. Fue más cómodo engañarse, cielo, y volverse a conocer es demasiado para dos desconocidos que se conocen muy bien.

lunes, 15 de octubre de 2012

Ni las intenciones.

Otra vez en el punto de partida, caminando sobre la cuerda floja, recordándome a cada segundo quién soy y todo por tu culpa. Me recuerdo que no me parezco a ella, que yo soy rubia aunque me odie y que a pesar de que me tiño el pelo, el dorado renace una vez más. Que a mi me gustan las uñas largas aunque se me partan y los labios de colores que llamen a tocarlos. Si te apartas cuando me acerco me parece más lógico tu huida y no que no te hagas de rogar; y con tanta cosa inexplicable no se puede trabajar. Tantas veces preguntándome cuanto tiempo se necesita para olvidar a otro; bastaría con unas cuantas vidas, una medida más que razonable.

"Otro puto beso en la mejilla me declara incompatible con tu vida."
Y el agua que corre, y el tiempo que sigue, y el amor que aflora. Y yo recordándome quién soy para no perderme por completo, que ya tengo suficiente con perderme con tus risas. Me conformo solo con mirarnos, tampoco tengo otro remedio si ellas me llevan y tú no me das más. Mientras tanto yo no sé ni lo que quiero, pero otro puto beso en la mejilla me declara incompatible con tu vida. Sigo a la espera de algo que no llega, o a que algo se vaya. Quizás a que se me acabe el tiempo, a que el agua se estanque o a que se pudra el amor, pues no es más que otra cursilada sensiblera. Es triste reconocer que pase lo que pase, que si la nada se acerca, o el todo se aleja, permaneceré aquí. ¿Adónde podría ir si no es contigo?

Espina.

Parece, aunque a veces sólo lo parece, que por cada cosa mala que a uno le dicen, diez de las buenas se olvidan, se escapan. Como si nunca ...