Ella escucha. Asiente con la cabeza. Le alivia saber que no la ve. Porque llora. Sigue hablando, diciendo todo lo que siente, todo lo que piensa, todo lo que se le pasa por la cabeza que lo tortura poco a poco. Ella escucha. Habla solo cuando se lo pide. Controla su voz al hablar. Disimula bastante bien. Solo tiene palabras de agradecimiento para ella. La quiere. Ella también lo quiere. Para su desgracia. Porque este no era el plan. No era esto lo que debía suceder, no así. No ahora. Todo esto, ¿para qué? Mentiría si dijera que se siente mejor. Ella también se tortura. Le duele hablar. Dice cosas que le dañan, que la destruyen. Pero, que por un mal juego del destino, son ciertas. Esa es la realidad. No lo que ella ve en sueños. Es demasiado bonito allí. Esta es la cruda realidad. Y así están las cosas. Le guste o no. Respira hondo. No sirve de nada. Bueno, al menos se mantiene con vida un minuto más. Lo suficiente como para volver a escucharlo. Le basta el sonido de su voz. Aunque lo que diga le resulte como veneno para su sangre. Ha visto algo en él que puede que la mate. Él nunca lo sabrá. No puede descifrar sus pensamientos...
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